Semana del 11 al 17 de abril
-EL CARRUSEL NUNCA DEJA DE GIRAR-
Formo parte de la generación Z y
a veces creo, sinceramente, que los adultos hablan en serio cuando dicen que
nosotros los jóvenes nacimos con celular en mano. Claramente, esto no es cierto
y francamente no soy una genia en la tecnología como a veces piensa mi mamá.
No me manejo muy bien con las tecnologías,
a pesar de haber nacido en pleno auge de estas. Sé lo básico, como usar algunas
redes sociales o utilizar las herramientas fundamentales que disponen Word y
PowerPoint. Haciendo memoria, realmente no conocería lo que es Zoom o no sabría
todo lo que puedo hacer con Gmail, sino fuera por la pandemia y el cambio
abrupto de pasar de una sala de clases a una reunión virtual en la que debo
estar frente a una pantalla.
No es primera vez que
reflexionaba sobre esto, y ahora, con la última clase de Construcción de la
Identidad Profesional Docente, me ha vuelto a la memoria: El reto de adaptarse
y hacer uso de las tecnologías que hace unos cuantos años lucían muy lejanas de
usar.
Está claro que fue una transición
complicada para todos, especialmente para quienes quedaban a un lado por la
brecha digital que surgió y la poca disposición de aparatos tecnológicos, pero
ahora, hablemos y enfoquémonos en los profesores.
Según el diario español, La Razón, el 60,7% del profesorado
admite haber sufrido agotamiento por el uso de las Tecnologías de la
Información y la Comunicación (TIC) durante la pandemia.
Los docentes, ¿estaban
capacitados profesionalmente para dar este gran paso a la modalidad virtual?
Quizás sí, quizás no, la verdad es que las circunstancias así lo demandaron, la
presencialidad ya no tenía lugar y utilizar computadores se volvió una
necesidad para lograr el desarrollo de la enseñanza por parte de los docentes y
el aprendizaje por parte de los estudiantes. Tanto docentes como alumnos
tuvieron que arreglárselas para seguir formando parte de esta imparable rueda
de la educación que lamentablemente no espera por nadie. Tanto profesores como
alumnos no estaban preparados, aprendieron a caminar y dar pequeños pasos
digitales en el gran notable mundo de las tecnologías. Aquellos docentes que durante
sus años de profesión ejercían un modelo fijo de enseñanza, tuvieron que verse
en la obligación de moldearse y manejar la nueva implementación tecnológica con
métodos completamente fuera de su zona de confort. En este punto, el cómo nos
percibimos a nosotros mismos, la valoración y confianza que tenemos, las expectativas
personales y la flexibilidad ante el cambio, jugaban un papel importante.
Todo recae en un par de componentes que
conforman la identidad docente.
“La resistencia manifestada por
el profesorado a los cambios educativos y sociales no proviene de un conservadurismo
injustificado, sino que es expresión de un modo de salvaguardar la propia
identidad profesional, que el profesorado percibe como seriamente amenazada”
(Bolívar, Fernández & Molina, 2004). El no poder responder a las nuevas
exigencias y funciones, así como tener que reaccionar ante un cambio abrupto
como lo fue el paso a la modalidad online, representó una grave
desestabilización al profesorado, sin embargo, como era de esperarse, muchos
lograron mantenerse de pie ante las situaciones adversas que surgían con el
tiempo.
Al
final, las condiciones de trabajo y lo que pasara allí a fuera no detendría a
los imparables educadores que harían lo que fuera para que la educación siguiera
su curso.
Fuentes:
https://www.larazon.es/sociedad/20220330/lo2lvjidqbba5h2cnoinoa5kti.html

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